Aunque no considero que alguna vez me haya resultado difícil probar cosas nuevas, me pareció una propuesta de lo más interesante, que no vino a traer un mundo de novedades, sino a alentar el desarrollo de algo que, al menos en mí, ya estaba ahí, y por qué no, animarse con esa excusa a algunas cosas pendientes. Despertar la curiosidad.
Años después de esta experiencia, siempre la tuve presente a la hora de embarcarme en alguna cosa, cuando empecé a estudiar canto, cuando me animé a hacerlo delante de otra gente, cuando decidí dar clases en la facultad, ser presidente de mesa o enamorarme de un extranjero (ok, esto no lo decidí... pero sí darle para adelante).
Esta semana, por ejemplo, arreglé a fuerza de maña mi mp3, y a fuerza de guantes y cuchillo destapé el desagüe de mi baño.
Punto aparte.
Desde hace bastante tiempo y por distintas razones (algunas también surgidas de aquellas sesiones de terapia grupal), me identifico con una araña... preferentemente chiquitita.
Esta viene siendo mi nuca, por ejemplo, para el que no la conoce.
La cuestión
Entonces
Es que me decidí,
y por fin
estoy
aprendiendo
a tejer

Gracias abu! Les presento mi primer ovillito de práctica.