martes 17 de noviembre de 2009
Papiroflexia
Y como tengo una vida zarpada en vértigo y emociones... hoy también me dediqué a aprender algo nuevo:
jueves 16 de julio de 2009
La araña chiquitita ataca de nuevo
Hace unos cuantos años, en una sesión de terapia grupal, mi psicóloga nos propuso que cada semana intentáramos experimentar alguna cosa nueva. No hacía falta que fuera algo grandilocuente... simplemente probar hacer, solos, algo distinto a lo de todos los días. Yo fui desde una clase de masajes eróticos hasta intentar sin éxito cambiar los cueritos de mis goteantes canillas.
Aunque no considero que alguna vez me haya resultado difícil probar cosas nuevas, me pareció una propuesta de lo más interesante, que no vino a traer un mundo de novedades, sino a alentar el desarrollo de algo que, al menos en mí, ya estaba ahí, y por qué no, animarse con esa excusa a algunas cosas pendientes. Despertar la curiosidad.
Años después de esta experiencia, siempre la tuve presente a la hora de embarcarme en alguna cosa, cuando empecé a estudiar canto, cuando me animé a hacerlo delante de otra gente, cuando decidí dar clases en la facultad, ser presidente de mesa o enamorarme de un extranjero (ok, esto no lo decidí... pero sí darle para adelante).
Esta semana, por ejemplo, arreglé a fuerza de maña mi mp3, y a fuerza de guantes y cuchillo destapé el desagüe de mi baño.
Punto aparte.
La cuestión
Entonces
Es que me decidí,
y por fin
estoy
aprendiendo
a tejer

Gracias abu! Les presento mi primer ovillito de práctica.
Aunque no considero que alguna vez me haya resultado difícil probar cosas nuevas, me pareció una propuesta de lo más interesante, que no vino a traer un mundo de novedades, sino a alentar el desarrollo de algo que, al menos en mí, ya estaba ahí, y por qué no, animarse con esa excusa a algunas cosas pendientes. Despertar la curiosidad.
Años después de esta experiencia, siempre la tuve presente a la hora de embarcarme en alguna cosa, cuando empecé a estudiar canto, cuando me animé a hacerlo delante de otra gente, cuando decidí dar clases en la facultad, ser presidente de mesa o enamorarme de un extranjero (ok, esto no lo decidí... pero sí darle para adelante).
Esta semana, por ejemplo, arreglé a fuerza de maña mi mp3, y a fuerza de guantes y cuchillo destapé el desagüe de mi baño.
Punto aparte.
Desde hace bastante tiempo y por distintas razones (algunas también surgidas de aquellas sesiones de terapia grupal), me identifico con una araña... preferentemente chiquitita.
Esta viene siendo mi nuca, por ejemplo, para el que no la conoce.
La cuestión
Entonces
Es que me decidí,
y por fin
estoy
aprendiendo
a tejer

Gracias abu! Les presento mi primer ovillito de práctica.
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jueves 25 de junio de 2009
De cómo fue que sucedió
Y ya que estoy hablando del amor, y ya que estoy en cama con gripa pero no hay forma de que me duerma, voy a contar esta historia porque aunque lo hice mil veces, me encanta contarla y ya no tengo a quién.
Tacantau fue invitado, junto con La Cuerda Floja y Cachengue y sudor a cruzar el charco para cantar en el Festival Bolsa de Murgas, un hermoso fin de semana de diciembre de 2008. Los organizadores nos habían reservado un galpón enorme en el que pasaríamos la noche desparramados en 40 colchones. La tarde fue transcurriendo, paseos a la playa, mucho mate, solcito, algunos juegos en la rural del prado, prueba de sonido. Todo bien de bien. A la noche actuamos, hasta acá puro preludio.
Después de actuar, cambiarnos y demaquillarnos, pintó el hambre y la sed. Sandra me acompañó a comprar una hamburguesa. "Yo me quedo acá", le dije sin sacarle los ojos de encima al parrillero. Ella entendió demasiado literalmente, tomó su hambuguesa y se fue. Yo me quedé. Hasta que llegó mi hamburguesa, que tardó lo suficiente para que el parrillero y yo intercambiáramos algunas frases y sonrisas.
Las cervezas se fueron sucediendo al ritmo de las murgas y la noche avanzaba siestas mediante sobre alguna pila de colchones. Tímido pero imperturbable seguía el intercambio de miradas a través de la cortina de humo de los choris.
Con la noche y el alcohol bastante avanzados, comenté nuevamente a quien me quisiera escuchar (Inés, en este caso) acerca de lo lindo que era el parrillero (cuya belleza se acentuaba también con el paso de las horas), y agregué "una cerveza más y encaro". No sé cuánto tiempo tardó Inés en traer esa cerveza, pero estoy segura que fue poco. Mientras tanto me llegaba algún chisme del tipo es licenciado en no sé qué cosa extraña, medio científico loco, le dicen "Locura", etc...
En una pausa de ese transcurrir de murgas sobre el escenario, uno de los organizadores, Diego ("El padrino"), anunció una especie de juego cuya gracia objetiva no encuentro pero fue una gran idea: La pareja integrada por un residente de cada orilla del Río de la Plata (condición que debía ser documentada), que subiera de la mano y se besara sobre el escenario, recibiría como premio una botella (otra) de cerveza...
Esta es la mía, pensé en voz alta para quien quisiera escucharme, creo que esta vez fue Leticia, salté de la silla y me fui corriendo al galpón. De ahí a la parrilla, donde, cédula en mano dije: "Es una propuesta". Locura, ni lerdo ni perezoso se escurrió y me llevó de la mano flameando hasta el escenario.
A todo esto yo había olvidado que el lugar estaba lleno de gente. De hecho creo que el juego había terminado, pero en mi mundo solamente girábamos él y yo, y mi mano dentro de la suya.
Llegamos al escenario, presentamos nuestras credenciales mientras yo escuchaba a mis compañeras gritar desaforadamente y todo ese mundo se volvía un tanto confuso... qué hacía toda esa gente ahí, ¿por qué gritaban? Con nuestras identidades biRíoplatenses fiscalizadas, vino el beso. Yo no me acuerdo y la única foto que hay solamente muestra mi mano en su cuello... pero los testigos dicen que fue un señor beso. Nuestro primer beso. Faaa.
Todavía incrédula lo seguí a buscar nuestro "premio". Y tomamos tranquilamente la cervecita mientras los amigos pasaban y saludaban como si nos hubiéramos ganado un Martín Fierro.
Un poco tímidos y bastante contentos por la situación atravesada seguimos charlando, mirándonos y sonriendo mientras tomábamos. Cuando terminé la última gota, devolví la botella mientras jugaba mi carta final: "No fue por la cerveza". Beso y cada cual a sus puestos.
La noche se hizo día y nos encontró bailando y queriendo más.
Y tuvimos más. A diciembre le siguieron las vacaciones de verano. Internet, buquebus y cupido están haciendo el resto. Y así fue que sucedió lo del bendito amor
Tacantau fue invitado, junto con La Cuerda Floja y Cachengue y sudor a cruzar el charco para cantar en el Festival Bolsa de Murgas, un hermoso fin de semana de diciembre de 2008. Los organizadores nos habían reservado un galpón enorme en el que pasaríamos la noche desparramados en 40 colchones. La tarde fue transcurriendo, paseos a la playa, mucho mate, solcito, algunos juegos en la rural del prado, prueba de sonido. Todo bien de bien. A la noche actuamos, hasta acá puro preludio.
Después de actuar, cambiarnos y demaquillarnos, pintó el hambre y la sed. Sandra me acompañó a comprar una hamburguesa. "Yo me quedo acá", le dije sin sacarle los ojos de encima al parrillero. Ella entendió demasiado literalmente, tomó su hambuguesa y se fue. Yo me quedé. Hasta que llegó mi hamburguesa, que tardó lo suficiente para que el parrillero y yo intercambiáramos algunas frases y sonrisas.
Las cervezas se fueron sucediendo al ritmo de las murgas y la noche avanzaba siestas mediante sobre alguna pila de colchones. Tímido pero imperturbable seguía el intercambio de miradas a través de la cortina de humo de los choris.
Con la noche y el alcohol bastante avanzados, comenté nuevamente a quien me quisiera escuchar (Inés, en este caso) acerca de lo lindo que era el parrillero (cuya belleza se acentuaba también con el paso de las horas), y agregué "una cerveza más y encaro". No sé cuánto tiempo tardó Inés en traer esa cerveza, pero estoy segura que fue poco. Mientras tanto me llegaba algún chisme del tipo es licenciado en no sé qué cosa extraña, medio científico loco, le dicen "Locura", etc...
En una pausa de ese transcurrir de murgas sobre el escenario, uno de los organizadores, Diego ("El padrino"), anunció una especie de juego cuya gracia objetiva no encuentro pero fue una gran idea: La pareja integrada por un residente de cada orilla del Río de la Plata (condición que debía ser documentada), que subiera de la mano y se besara sobre el escenario, recibiría como premio una botella (otra) de cerveza...
Esta es la mía, pensé en voz alta para quien quisiera escucharme, creo que esta vez fue Leticia, salté de la silla y me fui corriendo al galpón. De ahí a la parrilla, donde, cédula en mano dije: "Es una propuesta". Locura, ni lerdo ni perezoso se escurrió y me llevó de la mano flameando hasta el escenario.
A todo esto yo había olvidado que el lugar estaba lleno de gente. De hecho creo que el juego había terminado, pero en mi mundo solamente girábamos él y yo, y mi mano dentro de la suya.
Llegamos al escenario, presentamos nuestras credenciales mientras yo escuchaba a mis compañeras gritar desaforadamente y todo ese mundo se volvía un tanto confuso... qué hacía toda esa gente ahí, ¿por qué gritaban? Con nuestras identidades biRíoplatenses fiscalizadas, vino el beso. Yo no me acuerdo y la única foto que hay solamente muestra mi mano en su cuello... pero los testigos dicen que fue un señor beso. Nuestro primer beso. Faaa.
Todavía incrédula lo seguí a buscar nuestro "premio". Y tomamos tranquilamente la cervecita mientras los amigos pasaban y saludaban como si nos hubiéramos ganado un Martín Fierro.
Un poco tímidos y bastante contentos por la situación atravesada seguimos charlando, mirándonos y sonriendo mientras tomábamos. Cuando terminé la última gota, devolví la botella mientras jugaba mi carta final: "No fue por la cerveza". Beso y cada cual a sus puestos.
La noche se hizo día y nos encontró bailando y queriendo más.
Y tuvimos más. A diciembre le siguieron las vacaciones de verano. Internet, buquebus y cupido están haciendo el resto. Y así fue que sucedió lo del bendito amor
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El bendito amor
Hace varios días que vengo rumiando una idea que trataré de plasmar.
Es notable lo fácil que me resultaba escribir sobre el amor cuando no lo era, cuando estaba lleno de desencuentros, contradicciones, desengaños. Escribir desde la catarsis, la rabia, la pena.
Ya hablé alguna vez sobre esto, cuando se me hizo tan evidente que la felicidad atentaba contra mi escritura. Hoy quería hablar de el amor específicamente, y de su compatibilidad con mis palabras escritas, quizás de esta manera pueda reconciliarlos y volver a escribir.
El amor es posible, está siendo posible. No hace tanto tiempo estaba de ese lado, del lado de los que creían que ya no nos tocaría, pero en el fondo conservaba la esperanza y aun la búsqueda, a veces desesperada, de aquel príncipe cuyo beso me despertara del letargo.
Durante esa búsqueda escribí mucho, cada desengaño explotaba en un torrente de palabras dolidas, llenas de emociones tristes, palabras necesarias para cerrar las heridas y volver a la batalla. En el medio encontré la música en mi voz y las palabras se perdieron un poco del papel para colarse en algunos ventarrones que pasaban.
Fue esa música en la voz la que posibilitó la aparición del príncipe, por varias razones que no vienen al caso.
Volviendo al tema del amor y la felicidad escrita. Quiero volver a escribir. Quiero amar, ser amada, seguir cantando y volver a escribir. Quizás estoy pidiendo demasiado.
Quiero que mis próximos escritos hablen de las cosas lindas que me pasan, incluso en la misma clave netamente emotiva y a veces confusa y hasta críptica en que escribía mis fantasmas para sacármelos del cuerpo. ¿Cómo se hace?
Como ya dije una vez, tengo que aprender a escribir de nuevo, todavía no lo logro, pero tenía estas ideas en la cabeza y bueno... la gripe... las tuve que escribir.
Es notable lo fácil que me resultaba escribir sobre el amor cuando no lo era, cuando estaba lleno de desencuentros, contradicciones, desengaños. Escribir desde la catarsis, la rabia, la pena.
Ya hablé alguna vez sobre esto, cuando se me hizo tan evidente que la felicidad atentaba contra mi escritura. Hoy quería hablar de el amor específicamente, y de su compatibilidad con mis palabras escritas, quizás de esta manera pueda reconciliarlos y volver a escribir.
El amor es posible, está siendo posible. No hace tanto tiempo estaba de ese lado, del lado de los que creían que ya no nos tocaría, pero en el fondo conservaba la esperanza y aun la búsqueda, a veces desesperada, de aquel príncipe cuyo beso me despertara del letargo.
Durante esa búsqueda escribí mucho, cada desengaño explotaba en un torrente de palabras dolidas, llenas de emociones tristes, palabras necesarias para cerrar las heridas y volver a la batalla. En el medio encontré la música en mi voz y las palabras se perdieron un poco del papel para colarse en algunos ventarrones que pasaban.
Fue esa música en la voz la que posibilitó la aparición del príncipe, por varias razones que no vienen al caso.
Volviendo al tema del amor y la felicidad escrita. Quiero volver a escribir. Quiero amar, ser amada, seguir cantando y volver a escribir. Quizás estoy pidiendo demasiado.
Quiero que mis próximos escritos hablen de las cosas lindas que me pasan, incluso en la misma clave netamente emotiva y a veces confusa y hasta críptica en que escribía mis fantasmas para sacármelos del cuerpo. ¿Cómo se hace?
Como ya dije una vez, tengo que aprender a escribir de nuevo, todavía no lo logro, pero tenía estas ideas en la cabeza y bueno... la gripe... las tuve que escribir.
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domingo 29 de marzo de 2009
Ay qué miedo
Llego a Ezeiza, busco con la mirada a un desconocido que sostenga un cartel que me identifique. En cuanto lo encuentro me resigno a que mi nombre esté mal escrito una vez más (hasta hace pocas horas era La Creu, ahora era Lacreur), menos mal que no uso doble apellido.
Llegué decía, un remisero me esperaba, encaramos la salida... Llegando al segundo peaje en la autopista, vemos que hay una laaaaaaarga fila, me indigno y festejo a los que tocan bocina. 5 minutos después llegamos a la barrera, que por cierto había estado abierta todo el tiempo. A partir de este momento yo permanezco callada todo el trayecto, de manera que todos los guiones corresponden a mi interlocutor devenido monologuista.
- No lo puedo creer (en adelante NLPC), qué desastre (QD)
- Seguro son estos neg... villeros que están cortando, QD, este es el país de la joda, hacen lo que quieren NLPC!
Seguimos avanzando, muy lentamente...
- NLPC!, QD! es increíble, un domingo a la noche QD!
- Seguro que están cortando, son doce negros borrachos, siempre lo mismo!
Después de muchos NLPC, QD y otros similares... logramos desviarnos.
- Son estos negros de mierda, hacen lo que quieren.
El desvío nos acerca finalmente a la General Paz, en donde se pueden ver unos ocho camiones parados, bloqueando la mitad de la entrada.
- Ahhh, noooo, mirá lo que es, son los camiones parados, mirá el quilombo que armaron! Claro, tienen que entrar en Liniers y salen por acá, estos están para entrar mañana. Después que no me digan... mañana entran 60.000 cabezas de ganado, vas a ver.
- Nooo, a estos del campo hay que matarlos a todos. Ahora por General Paz llegamos en seguida, vos ya tendrías que estar en tu casa.
Hay gente que me da miedo de verdad.
Llegué decía, un remisero me esperaba, encaramos la salida... Llegando al segundo peaje en la autopista, vemos que hay una laaaaaaarga fila, me indigno y festejo a los que tocan bocina. 5 minutos después llegamos a la barrera, que por cierto había estado abierta todo el tiempo. A partir de este momento yo permanezco callada todo el trayecto, de manera que todos los guiones corresponden a mi interlocutor devenido monologuista.
- No lo puedo creer (en adelante NLPC), qué desastre (QD)
- Seguro son estos neg... villeros que están cortando, QD, este es el país de la joda, hacen lo que quieren NLPC!
Seguimos avanzando, muy lentamente...
- NLPC!, QD! es increíble, un domingo a la noche QD!
- Seguro que están cortando, son doce negros borrachos, siempre lo mismo!
Después de muchos NLPC, QD y otros similares... logramos desviarnos.
- Son estos negros de mierda, hacen lo que quieren.
El desvío nos acerca finalmente a la General Paz, en donde se pueden ver unos ocho camiones parados, bloqueando la mitad de la entrada.
- Ahhh, noooo, mirá lo que es, son los camiones parados, mirá el quilombo que armaron! Claro, tienen que entrar en Liniers y salen por acá, estos están para entrar mañana. Después que no me digan... mañana entran 60.000 cabezas de ganado, vas a ver.
- Nooo, a estos del campo hay que matarlos a todos. Ahora por General Paz llegamos en seguida, vos ya tendrías que estar en tu casa.
Hay gente que me da miedo de verdad.
jueves 5 de marzo de 2009
Escupir para arriba
...razonamientos de lógica indispuesta que suscitan la mirada extraterrestre de un puñado de hombres sinceros y el liso y llano desprecio de los hipócritas...
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definiciones
domingo 1 de marzo de 2009
martes 30 de diciembre de 2008
Ahora sí, balance
Este fin de año...
Brindo por el tiempo a favor, por llevar el timón.
Brindo por las voces de todos y por la mía entre ellas.
Brindo por haberme animado a ser.
Brindo por lo temido, por lo llorado, por lo aprendido.
Brindo por los viajes, los charcos cruzados.
Brindo por seguir encontrando lugares.
Brindo por haber cumplido 27, que era lo que tocaba.
Brindo por los balances positivos, por la contentez, por la imaginación, por la sensatez.
Brindo por haberme ido de donde me fui, por volver a donde volví y por llegar a donde llegué.
Brindo por mi hermano y mi cuñada que por fin dejaron de ser amigos.
Brindo por mi papá y por mi mamá y por sus amores.
Brindo por mis amores, por el rato que me hicieron feliz.
Brindo por mis amantes, por quedarse ahí a pesar de todo y ser mis amigos.
Brindo por los desengaños, porque antes fueron ilusiones.
Brindo por los encuentros, los barcos, los aviones.
Brindo por la música y por las palabras. Y por los silencios y las rondas.
Brindo por los libros, los leídos, los hechos, los por venir.
Brindo por Flor. Brindo por mis amigos. Brindo por mis primos.
Brindo por las reglas de tres, las simples, las inversas y las complicadas.
Brindo por la complejidad, las contradicciones, las dudas.
Brindo por que lejos quede más cerca.
Brindo por terminar el año sin acordarme ni cómo lo empecé.
Brindo por repetir brindo muchas veces.
Brindo otra vez.
Salú!
Brindo por el tiempo a favor, por llevar el timón.
Brindo por las voces de todos y por la mía entre ellas.
Brindo por haberme animado a ser.
Brindo por lo temido, por lo llorado, por lo aprendido.
Brindo por los viajes, los charcos cruzados.
Brindo por seguir encontrando lugares.
Brindo por haber cumplido 27, que era lo que tocaba.
Brindo por los balances positivos, por la contentez, por la imaginación, por la sensatez.
Brindo por haberme ido de donde me fui, por volver a donde volví y por llegar a donde llegué.
Brindo por mi hermano y mi cuñada que por fin dejaron de ser amigos.
Brindo por mi papá y por mi mamá y por sus amores.
Brindo por mis amores, por el rato que me hicieron feliz.
Brindo por mis amantes, por quedarse ahí a pesar de todo y ser mis amigos.
Brindo por los desengaños, porque antes fueron ilusiones.
Brindo por los encuentros, los barcos, los aviones.
Brindo por la música y por las palabras. Y por los silencios y las rondas.
Brindo por los libros, los leídos, los hechos, los por venir.
Brindo por Flor. Brindo por mis amigos. Brindo por mis primos.
Brindo por las reglas de tres, las simples, las inversas y las complicadas.
Brindo por la complejidad, las contradicciones, las dudas.
Brindo por que lejos quede más cerca.
Brindo por terminar el año sin acordarme ni cómo lo empecé.
Brindo por repetir brindo muchas veces.
Brindo otra vez.
Salú!
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jueves 25 de diciembre de 2008
Intento de balance
Fracaso en el intento. El balance da positivo con creces.
Punto final.
Punto final.
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martes 16 de diciembre de 2008
Postales de un fin de semana
Olvidos, demoras, peajes, corridas y aplausos. La Cuerda Floja en la cuerda floja. Y yo con ellos.

Gente desparramada cantando, gente desparramada bebiendo, gente desparramada durmiendo. Culos de almohada, colchón de bolsos.
Luz cursi de luna reflejada en el agua. De fondo ruido, de frente río.
Pelota, picado, sudor y cachengue. Miedo, confianza y miedo. Bombos y platillos. Soles y pieles.


Mate, mate, mate, mate, chivito, mate, mate, mate, hamburguesa, mate, mate, mate.
Ausencia, pila, derrumbe, anarquía, ocupación, rotación, pila y ausencia. Colchones.
Estar exactamente donde querés estar, temperatura, volumen, estado, compañía, intensidad.
Otra Luna, verde y emplumada, trepando por mi remera y susurrándome cosquillas en la oreja. Mientras se calienta el agua para el mate.

Gente desparramada cantando, gente desparramada bebiendo, gente desparramada durmiendo. Culos de almohada, colchón de bolsos.
Luz cursi de luna reflejada en el agua. De fondo ruido, de frente río.
Pelota, picado, sudor y cachengue. Miedo, confianza y miedo. Bombos y platillos. Soles y pieles.


Mate, mate, mate, mate, chivito, mate, mate, mate, hamburguesa, mate, mate, mate.
Ausencia, pila, derrumbe, anarquía, ocupación, rotación, pila y ausencia. Colchones.
Estar exactamente donde querés estar, temperatura, volumen, estado, compañía, intensidad.
Otra Luna, verde y emplumada, trepando por mi remera y susurrándome cosquillas en la oreja. Mientras se calienta el agua para el mate.
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Impresiones varias
sábado 22 de noviembre de 2008
Bicho bolita
Cuando los propios brazos no alcanzan para abrazar la superficie de nuestros abultados traseros. Canciones que van directo al hígado, con una voz que circula por todo el cuerpo y pone los pelos de punta. No empujes, es simple, no puede entrar. Historias que se cuentan solas, y no son más que finales. Siempre finales. Trazos de esas imágenes, en blanco y negro y algunos (pocos) grises. Letras puntiagudas, que hieren sensibilidades, pero tan poéticas, tan inevitables. Es simple, es cierto, tan simple.
Una detrás de la otra, y la puerta golpea con el viento, tétrico y oscuro. Apenas bosquejos, ni siquiera la ilusión del color. Ni siquiera un plan. Apenas una pena chiquita. Esa que rebalsa.
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viernes 21 de noviembre de 2008
decía...
Era algo que tenía que ver con el tiempo. Con el propio, con el de los demás y con la compleja relación entre ambos. Tenía que ver también con el inconsciente, el boicot y el cuidado silencioso. Con la locura y lo que cura. Con las estrategias, la torpeza, las ganas, la desesperación, la ilusión, las malas elecciones, la frustración, los sitios frecuentados. El déjà vu. Tenía ganas de decirte algo, pero no sé bien qué. Tal vez fuera estar en silencio y ver caer los granos de arena (al fin y al cabo quién fue el cretino que puso agujas en mi reloj). O también podría preguntarte cosas aun sabiendo que no hay manera de entender. Mi lógica no entra en tu mundo, ni yo. Ah, no, esa era otra historia. Déjà vu. Esta realidad no es gelatinosa, más bien absurda. Pero al menos volví a escribir y eso está bien. Aunque sigan las catarsis y larai larai. Lo cierto es que vuelvo a escribir. En la vida hay amores que nunca (nunca fueron tales, cualquier semejanza...) Y aun así quisiera decirte algo, algo que te conmueva, algo que alce las barreras y que pase la farolera. O que pase algo, que te borre de pronto o que vuelva el tiempo atrás.
Hasta antes del madrugón. Al final estaba tan tranquila. Es como despertar a un bebé y después, cuando llora, pretender que vuelva a dormir. Quiero volver a dormir. Estaba tan tranquila.
Hasta antes del madrugón. Al final estaba tan tranquila. Es como despertar a un bebé y después, cuando llora, pretender que vuelva a dormir. Quiero volver a dormir. Estaba tan tranquila.
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He dicho,
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domingo 16 de noviembre de 2008
Déjà vu
Un sexo amargo. Funcional, inmediato, urgente. El vacío posterior. Déjà vu. Ya visto, ya vivido. Sobre esto había empezado a escribir ayer, sin éxito.
La trasnoche, la ducha rápida, la misma ropa, un poco ahumada, del día anterior.
Un cuerpo extraño, dentro de mi cuerpo, extraño. Suena triste, y lo es un poco. Casi tanto como inevitable. Lo dicho: urgente. Películas malas, reflejos deformados, miradas sin complicidad, si profundidad.
Parece una burla, o seré una imbécil ostentando mi propia insuficiencia. Portando con orgullo la bandera de la obviedad. Con orgullo y vergüenza, con orgullo y necesidad. Imbécil.
Tanto en la cabeza y para qué, tanto en el cuerpo, tanto en la boca, en las manos. Nada para dar, nadie que reciba. Sólo sexo amargo y el vacío posterior. Y el déjà vu de no aprender nada, de repetirlo a conciencia. Imbécil.
Sin la capacidad siquiera de arrepentirme o de disimular. A flor de piel, al descubierto casi absurdo, dejándome rozar por la vanidad de los idiotas. Creyéndome invencible y muerta de miedo. Imbécil.
Rebotando como mi propio eco, en la cabeza pum, pum. Rebotando con el cuerpo como una pelota. Simulada, incrédula, ingenua. Imbécil. Levantando la ruina de mis propias palabras, como si no me importara. Como si juntando cada vez los pedazos pudiera armarlo de nuevo. Como si no se notara el pegamento y las grietas envejecidas.
Pidiendo a gritos un salvavidas y recibiendo sonrisas falsas, cómplices farsantes de mi propio sainete. Qué imbécil. Vacía y sola, exhibiendo la miseria, riéndome de ella con los dientes amarillos de una bruja harapienta. Inventando conjuros inútiles, buscando respuestas en ninguna parte.
Ya visto, ya vivido, ya escuchado. Repetido indefinidamente. Desde varios ángulos, a diferentes velocidades, con diferentes niveles de crueldad, de terror, de sinceridad, de negación.
Sólo quiero que sepas una cosa. Nada es cierto, nada de nada. Ninguna de tus palabras, ni de tus gestos. Los anteriores ni los de ahora. Ni los míos, seguramente. Nada debería ser cierto. Este olor a quemado, a noche vieja. Agrio. Todo es un gran malentendido que nadie se atreve a explicar, eso es. Puro miedo, lo de siempre. O aceptar la derrota, que es casi tan doloroso. Ni siquiera estas palabras son ciertas. No son más que un manojo de sensaciones victimizadas para potenciar el déjà vu, que al fin y al cabo no se trata de otra cosa. Sólo una cosa quiero y me está vedada por el mero hecho de desearla. Deseo dejar de desear. Imbécil.
Y como una burla del destino, esto sucede el día de hoy.
La trasnoche, la ducha rápida, la misma ropa, un poco ahumada, del día anterior.
Un cuerpo extraño, dentro de mi cuerpo, extraño. Suena triste, y lo es un poco. Casi tanto como inevitable. Lo dicho: urgente. Películas malas, reflejos deformados, miradas sin complicidad, si profundidad.
Parece una burla, o seré una imbécil ostentando mi propia insuficiencia. Portando con orgullo la bandera de la obviedad. Con orgullo y vergüenza, con orgullo y necesidad. Imbécil.
Tanto en la cabeza y para qué, tanto en el cuerpo, tanto en la boca, en las manos. Nada para dar, nadie que reciba. Sólo sexo amargo y el vacío posterior. Y el déjà vu de no aprender nada, de repetirlo a conciencia. Imbécil.
Sin la capacidad siquiera de arrepentirme o de disimular. A flor de piel, al descubierto casi absurdo, dejándome rozar por la vanidad de los idiotas. Creyéndome invencible y muerta de miedo. Imbécil.
Rebotando como mi propio eco, en la cabeza pum, pum. Rebotando con el cuerpo como una pelota. Simulada, incrédula, ingenua. Imbécil. Levantando la ruina de mis propias palabras, como si no me importara. Como si juntando cada vez los pedazos pudiera armarlo de nuevo. Como si no se notara el pegamento y las grietas envejecidas.
Pidiendo a gritos un salvavidas y recibiendo sonrisas falsas, cómplices farsantes de mi propio sainete. Qué imbécil. Vacía y sola, exhibiendo la miseria, riéndome de ella con los dientes amarillos de una bruja harapienta. Inventando conjuros inútiles, buscando respuestas en ninguna parte.
Ya visto, ya vivido, ya escuchado. Repetido indefinidamente. Desde varios ángulos, a diferentes velocidades, con diferentes niveles de crueldad, de terror, de sinceridad, de negación.
Sólo quiero que sepas una cosa. Nada es cierto, nada de nada. Ninguna de tus palabras, ni de tus gestos. Los anteriores ni los de ahora. Ni los míos, seguramente. Nada debería ser cierto. Este olor a quemado, a noche vieja. Agrio. Todo es un gran malentendido que nadie se atreve a explicar, eso es. Puro miedo, lo de siempre. O aceptar la derrota, que es casi tan doloroso. Ni siquiera estas palabras son ciertas. No son más que un manojo de sensaciones victimizadas para potenciar el déjà vu, que al fin y al cabo no se trata de otra cosa. Sólo una cosa quiero y me está vedada por el mero hecho de desearla. Deseo dejar de desear. Imbécil.
Y como una burla del destino, esto sucede el día de hoy.
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martes 7 de octubre de 2008
domingo 31 de agosto de 2008
Dudas
A veces puede pasar por ejemplo, que venga de golpe algo y deje todo patas para arriba. Y la tranquilidad te llene de dudas, y las dudas te llenen de miedo, y el miedo se convierta en una cosa oscura e inmanejable.
A veces puede pasar que el reloj gire para el otro lado, y te vuelvas a preguntar quién fue el cretino que puso agujas en tu reloj de arena. Y te vuelvas a hacer una y otra vez esas mismas preguntas. Una y otra vez.
Y pude pasar también que metas tus dudas en el horno y las quemes hasta que revienten, y la casa huela a humo, o las tires por la ventana y recibas quejas de los vecinos por la mugre en el patio. Puede pasar que las congeles, hasta nuevo aviso, pero claro, así es como vuelven a aparecer. Podés, si no, estrellarlas contra la pared y que estallen en pedazos, pero es peligroso, podrías clavarte las astillas y, como en el cuento del gusano en la manzana, una astilla de duda es casi peor que una duda completa, sólida y en buen estado.
Puede pasar que te duermas y esas dudas se conviertan en sueños, para desaparecer al despertar, o puede pasar que no te dejen dormir. Puede pasar que no quieras dudar más, pero tengo una mala noticia... no se puede. No se puede.
No insistas, de verdad, no se puede. Puede que hubieras querido, pero no, y te arrepentiste, pero tarde, si no que gracia tiene. Y ni siquiera estás tan segura de haberte arrepentido porque claro... las dudas. Seguramente era lo mejor aunque lo de la marca en la pared fuera un delirio.
A veces puede pasar que el reloj gire para el otro lado, y te vuelvas a preguntar quién fue el cretino que puso agujas en tu reloj de arena. Y te vuelvas a hacer una y otra vez esas mismas preguntas. Una y otra vez.
Y pude pasar también que metas tus dudas en el horno y las quemes hasta que revienten, y la casa huela a humo, o las tires por la ventana y recibas quejas de los vecinos por la mugre en el patio. Puede pasar que las congeles, hasta nuevo aviso, pero claro, así es como vuelven a aparecer. Podés, si no, estrellarlas contra la pared y que estallen en pedazos, pero es peligroso, podrías clavarte las astillas y, como en el cuento del gusano en la manzana, una astilla de duda es casi peor que una duda completa, sólida y en buen estado.
Puede pasar que te duermas y esas dudas se conviertan en sueños, para desaparecer al despertar, o puede pasar que no te dejen dormir. Puede pasar que no quieras dudar más, pero tengo una mala noticia... no se puede. No se puede.
No insistas, de verdad, no se puede. Puede que hubieras querido, pero no, y te arrepentiste, pero tarde, si no que gracia tiene. Y ni siquiera estás tan segura de haberte arrepentido porque claro... las dudas. Seguramente era lo mejor aunque lo de la marca en la pared fuera un delirio.
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